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fútbol

Ese viejo que tú ves ahí…

Ese viejo que tú ves ahí es, sin temor a equivocarme, el hombre del cual más he hablado en los últimos meses.

Quienes me acaban de conocer, seguro creen que lo odio o algo parecido. 

¿Y cómo no?, si de diez notas que lanzaba, nueve eran pidiendo su salida.

Se me cumplió la petición, he de decirles. Y si bien por Tigres (que es el equipo al cual yo amo) me dio cierto gusto, hay un pedazo de mi corazón que lamenta en silencio.

Ese viejo que tú ves ahí fue, también, el hombre que me hizo feliz en tiempos donde todo en mi vida estaba mal.

Y esto lo digo sin exagerar.

Sé que el fútbol es lo más importante dentro de lo menos importante, y que una persona medianamente inteligente sería incapaz de soltar una barbaridad como la que acabo de mencionar, pero cuando uno pasa por un mal momento, los pequeños baches los sentimos como abismos, la pequeña oscuridad se vuelve una noche perpetua y el dolor pasajero se sufre como una pena eterna.

Y justo ese era mi sentir.

Me despertaba porque no podía quedarme dormido. Desayunaba porque con algo debía llenar el estómago y me iba a trabajar porque las cuentas no se pagaban solas. Llegaba hasta tarde, cenaba cualquier cosa y me iba a dormir. 

Y por las noches ni descansaba ni soñaba; al despertar, el circuito se repetía.

De domingo a viernes mi vida era así. Pero los sábados… casi siempre los sábados o noventa minutos de otro día, o a veces dos por semana, mi rostro dibujaba algo muy parecido a una sonrisa y el corazón me latía de alegría.

También me enojaba, claro. Y me frustraba. Pero vivía. Sentía. Y todo el mundo sabe que es mejor una vida así que el vacío de la indiferencia.

Mi equipo de fútbol fue siempre un escape a problemas que yo no quería ver. Y durante muchos años ese escondite era tan o más miserable que mis días.

Hasta que llegó un hombre de bigote tupido y acento portugués a cambiarnos la suerte.

Hoy ya no estoy más en esa situación, y no voy a mentirles diciéndoles que Tigres o que Tuca Ferretti me sacaron del abismo, porque no fue así. Lo que sí puedo asegurarles, es que esos tipos vestidos de amarillo, comandados por ese sujeto que parece siempre estar enojado, supieron darme pequeñas alegrías en tiempos amargos, y eso yo jamás lo voy a olvidar.

En medio de mil crisis, mi equipo de fútbol me daba cierta paz. Una paz rara, porque casi siempre les iba mal. Pero con Tuca casi todo salió bien, entonces, cada fin de semana… o de vez en cuando entre semana, me atrevía a ser feliz. Y eso se lo debo a ese viejo que tú ves ahí.

Twitter: JaimeGarza94

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