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A lo Tigres

Necesitas ser de Tigres para comprender el verdadero significado de esta pieza.

Era domingo, lo recuerdo bien.

Enfrentaríamos a Pumas en C.U., para la final de vuelta del Apertura 2015.

Habían pasado cuatro años y días desde nuestro último título de Liga, y un pensamiento raro merodeaba en mi consciencia.

¿Y si vuelve a pasar lo mismo?, preguntaba para mis adentros refiriéndome al lapso de tiempo corrido entre el título ganado ante Pumas y el campeonato obtenido frente al Atlante entre 1978 y 1982.

Incluso entre Pumas y Atlante hubo una final perdida contra un grande… igual que ahora.

Entonces fue Cruz Azul; en 2014, América.

¿Y si vuelve a pasar lo mismo?, preguntaba.

¿Y si se nos vuelve a dar la rara cosa de ganar?

Lo más lógico era que sí, por la gran ventaja que sacamos del volcán.

Ganamos el duelo de ida tres goles contra cero, pero los nervios estaban. 

Como si ya supiera lo que iba a suceder… como si alguien allá arriba abandonara las nubes nomás para acercarse a mí y decirme cerca del oído: 

No te emociones, Jaime. Recuerda que somos Tigres, y en Tigres nada es sencillo.

Y nada fue sencillo…

El primer tiempo agonizaba, cuando Pumas marcó el primero.

1-0, nos fuimos al descanso.

1-3; marcador global.

En un abrir y cerrar de ojos cayó el segundo, y lo que parecía imposible se volvió posible. 

Y de de lo posible pasamos a lo real… al drama total.

Pumas anotó el tercero de la noche, y su festejo, aunque intenso, fue algo mesurado.

Estaban seguros de que darían vuelta al marcador. 

Guardaron brazos y garganta para entonces.

Minuto 89; segundo 53.

Pelota por la punta de la derecha. 

El jugador de ellos manda el esférico al área y los nuestros marcan como si lo que estuviera en disputa fueran tres puntos en la jornada cuatro.

El suyo remata mal.

O remata bien, pero nuestro portero lo hace ver mal.

La pelota queda a merced de un contrario, sin embargo. 

Le queda nada al reloj. 

El balón precisa de un suspiro para cruzar la línea de gol y hacer del drama una tragedia; amargura de la alegría.

Y el suspiro se da, pero antes conecta con la humanidad de nuestro defensor.

No solo nos salvamos del gol, sino que a ellos les expulsan a un jugador.

Y nos vamos a tiempos extras…

Volvemos a ser los favoritos, pero el partido se reanuda con una extraña jugada.

Ellos sacan de media cancha y de inmediato disparan.

Nuestro portero alcanza a sacar el balón y lo manda a tiro de esquina. 

O eso creo, porque los ineptos de las cámaras no me dejan ver.

Sí. Eso fue lo que pasó. 

Nahuel Guzmán nos salvó.

Tenemos a un jugador de más en la cancha, pero nuestra inoperancia para jugar, aunada a las ganas de Pumas de ganar, revierte la situación.

O así es, hasta que la pelota llega a los botines de André-Pierre Gignac…

Su gol me deja sin voz, pero sigo sin confiarme.

El francés tiene la oportunidad de anotar el segundo y aniquilar el partido de una vez por todas, pero no lo logra.

Minutos después nos echan a un jugador, y en la agonía del encuentro Pumas marca el cuarto gol.

Nos vamos a penales.

Perderemos en penales, pensé…

Ellos fallaron cuando no debían fallar… nosotros también, pero nuestros aciertos sí fueron suficientes para ganar y los suyos no.

Supongo que así se resume el asunto.

Tigres ganó su cuarta estrella en un partido que tuvo de todo.

Me gustaría inyectarle más drama al desenlace, pero sinceramente me acuerdo de muy pocas cosas.

Tigres se quedó con mi garganta y mi consciencia. Con mis latidos y mis deseos.

Aquella noche juré mil cosas con tal de que se nos diera la rara cosa de ganar… y se nos dio.

Follow: JaimeGarza94

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