Jugar bien / Escribir bien
Futbol

Chivas femenil: del estilo eléctrico al acústico

 

«Bob Dylan ha sido una gran influencia para mí. Me encanta que cambiara de estilo constantemente, de hecho era recibido con hostilidad por parte de sus seguidores […] pensaba que era una heroicidad cuando pasaba de música acústica a lo eléctrico» así expresó Kazuo Ishiguro su gusto por lo tornadizo en la presentación de “Klara y el Sol”, su esperada primera novela después de ganar el Premio Nobel; renovar en formas es la ruta de escape creativa del escritor.

Las Chivas de Edgar Mejía siguieron el camino inverso en la reconversión de estilos, más por necesidad que por convicción. Exigidas a reconstruir su cultura táctica luego de una convulsa pretemporada marcada por la fuga de talento. Perdieron electricidad y profundidad, se fueron: María Sánchez, Norma Palafox, Andrea Sánchez, anteriormente Rubí Soto, roles más cómodas corriendo a máxima velocidad y atacando espacios, impulsadas por una lanzadora sobresaliente como Nicole Pérez, quien también partió. Como muestra, en el ciclo anterior llegaron a su pico de rendimiento en el 2-4 en su visita a Rayadas, en una justa donde el respiro no fue opción.

Desde la Dirección Deportiva se emitía el mensaje de entrar en fase de construcción, con el piso de mínimos exigibles para la institución rojiblanca. Entonces, a Mejía le tocaba dar lectura a las notas restantes para su nueva obra: Alicia Cervantes más Carolina Jaramillo como pilares; Montoya, Bejarano, Rodríguez, González y García como cimientos, además de la irrupción de una futbolista en estado puro como Isabella Gutiérrez.

Reinventó el estilo a una versión acústica: el colectivo sobre la individualidad, la asociación como prioridad, un orden alrededor del pase al pie agrupando piezas para avanzar en bloque tras juego directo o salida. La composición es una estructura sólida de 8 jugadoras para dotar de libertad a su talento diferencial: Cervantes, Montoya más Jaramillo/Gutiérrez.

 

Con menos piezas autosuficientes el sistema es más complejo que la temporada anterior. El dibujo es un 4-2-3-1 en un bloque medio de achique más basculación en defensa, los jersey de la primera y última línea no cambian, las modificaciones son los vértices del triángulo medular con 4 jugadoras de diferentes roles para 3 puestos, la elección del medio campo cambia las intenciones.

  • Juego directo a Cervantes con el buen golpeo en largo de sus centrales González, Guzmán o García para instalarse arriba rápidamente y combinarse en segunda jugada.
  • Asociación entre Cervantes y Jaramillo/Gutiérrez en carril central, recurrentemente van a banda para practicarlo con mayor margen de maniobra.
  • Progresión juntándose en el lado de Vázquez, expandiéndole el espacio a Montoya del otro costado para aprovechar su regate.
  • Liberar una efectivo del doble “5” en presión alta provocando pérdidas rivales en salida para que el traslado final con balón sea corto.
  • Disparo desde la frontal del área en ataque posicional.
  • Herramientas fuera del flujo principal: las justas ganadas (todas antes del min. 70) dieron margen para experimentar con Jaramillo en banda, línea de 5 buscando amplitud, Romero y Valenzuela como extremas velocistas, González de contención para acercar su pase a zonas altas más Barrientos de “9” para liberar a Cervantes.

 

El adoctrinamiento se interiorizó inmediatamente, transitando etapas de edificación del proyecto a una velocidad no esperada, levantando expectativas por los triunfos conseguidos. El método para superar conjuntos menores está funcionando, sin embargo, para asentarse en la élite nacional se debe vencer a individualidades superiores y/o tácticas desarrolladas, ello requiere un salto a nivel personal-colectivo. La petición de pelear arriba llegó muy pronto, la mesura de todo el entorno será clave para no cambiar de rumbo, el equipo camina.

En dichos partidos la volatilidad ha sido común, difuminaron una ventaja de 3 goles en Querétaro, perdieron con un tiro libre en Pachuca, rescataron un punto en el último suspiro contra Toluca, además de caer en casa de Tijuana por un gol. Empataron en el clásico tapatío, donde Jaramillo y Cervantes formaron un binomio pletórico validando la idea central de una estructura funcional más 2 o 3 en libertad.

Los puntos perdidos han dejando pistas: transiciones defensivas intensas más pérdida de la posesión, cuando el partido se rompe y la línea defensiva se hunde, el Rebaño sufre. En el tintero de pendientes está la profundidad, una presión alta mejor organizada, defensa a balón parado, mayor ocupación del área además de mejorar trazos a opciones lejanas.

Licha ha tirado de las cuerdas emocionales, poniéndolas a competir en momentos adversos en más de una ocasión; pero atarse a una sola partitura es dejarse a la suerte, requiere que el aparato gane terreno para dejarla de frente a portería más frecuentemente o más mecanismos cuando su distancia con la defensa se expanda. La jerarquía llegará cuando se formen nuevos marcos mentales colectivos y estrategias sobre el verde en los momentos de quiebre cuando la adrenalina sube, ahí el rendimiento individual ha disminuido generando desconexión con el plan inicial.

Enfrentarán a América, partido con tensión natural de clásico que se convertirá en una nueva ocasión para conquistar el primer triunfo en un gran escenario. Las Águilas llegan con sensaciones difusas, altas expectativas en el inicio de torneo matizadas por algunas dudas en su modelo, por el contrario, las Rojiblancas van incrementando ilusiones con un sistema que busca dar el salto de nivel. Podría ser una pequeña final dentro de la temporada, de esos partidos que marcan puntos de inflexión y construyen nuevas realidades.   

 

 

 

Foto: Facebook Chivas femenil.

Comentarios

Close
Gracias por apoyar Rectangulo Verde