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fútbol

Nuestro primer Jefe

—¿Pero quién se cree que es ese viejo tarado? —reclama el niño, dando brincos frente al televisor.

El abuelo lo ve y permanece en completo silencio. Comprende que el muchacho está exaltado por el partido, y…

—¡Tú no eres nadie! —le dice—. ¡No te metas con nuestro ídolo!

El hombre ya no puede contenerse. Se pone de pie y camina hasta llegar a donde está su nieto. Coloca su mano sobre la espalda del chico. La piel le arde como si hubiera fuego en sus adentros y da saltitos de la emoción.

—No le faltes el respeto a nuestra historia, hijo…

Los abuelos tienen algo que cada que hablan neutralizan nuestros sentimientos. 

Si estamos enojados, por ejemplo, nos enfriamos. Si estamos tristes nos contentamos. Si estamos aburridos nos divertimos y si estamos inquietos nos tranquilizamos.

El muchacho que protagoniza éste cuento, tiene ocho años. 

Le importa mucho el fútbol, pero más le importa su abuelo. Por eso se olvida por un momento del partido y voltea a ver a ese hombre que lo apoya casi siempre, menos cuando comete una falta grave. 

Cuando eso sucede, lo ve como ahora lo mira. Le dice cosas como las que está a punto de decirle…

—Ese hombre que ahora se pelea con Gignac, algún día me hizo tan feliz a mí como hoy André te hace feliz a ti.

—¿Lo conoces? —pregunta, sorprendido.

—¿Recuerdas cuando te hablé de un jugador mexicano que hizo muchos goles con el equipo y que en el extranjero creían que era argentino por culpa de su pinta y de su exquisita manera de jugar?

—¿Que si me acuerdo? —pregunta el niño, de forma retórica—. ¡Si me fui llorando a casa porque no me quisiste decir su nombre!

—¿Y te acuerdas por qué no te lo dije?

—Porque según salió peleado con el equipo y no era bueno mencionarlo. O se peleó después. De eso sí no me acuerdo bien, pero el caso es que se volvió enemigo. ¿Hasta entrenó rayados, no?

—Así es, campeón. Y de forma muy categórica negó ser tigre.

—Yo me enojaría mucho con Gignac si nos hiciera eso.

El abuelo aprovecha el ejemplo de su nieto. Se pone de cuclillas y lo ve fijamente a los ojos.

—Te enojarías mucho con él, estoy de acuerdo. ¿Pero lo dejarías de querer? ¿Te olvidarías de todo lo que hizo por Tigres? ¿Le faltarías al respeto?

—¡Obvio no! Pero no entiendo qué tiene que ver ese jugador con el señor panzón que se acaba de pelear con Gignac.

—Ese señor se llama Tomas Boy, muchacho. Y nos sacó campeones en tiempos complicados. Cuando las vueltas olímpicas parecían destinadas únicamente a los equipos grandes. Decidió enemistarse con Tigres, y aunque hoy muchos prefiramos no mencionarlo, no nos atrevemos a faltarle al respeto. Porque al hacerlo le estaríamos faltando al respeto al equipo, y eso no se hace. Tomás Boy fue nuestro primer ídolo… nuestro primer Jefe.

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Twitter: JaimeGarza94

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