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El fútbol a veces puede ser divertido

Era un día entre semana del año 2014, lo recuerdo bien. Tigres andaba muy mal en Liga, pero en Copa la rompía.

Aproveché el pretexto para llevar a mi sobrino a la cancha. Entonces él tenía como cinco o seis años, y a esa edad uno solo quiere ver goles. 

Y vaya que los vio…

Juninho, Burbano y Guido Pizarro aportaron con un tanto cada quien. Alan Pulido marcó un doblete y Emmanuel Herrera se despachó con un hat trick, para un escandaloso marcador de ocho goles contra cero.

Recuerdo la cara de Miguelito. No cabía de la alegría.

Salió del estadio muy contento. Con una sonrisa de este a oeste; ilusiones en el norte y temores en el sur.

¿Cómo le digo que el fútbol no es así?

Que Tigres podrá enfrentarse a rivales de menor categoría y que lo más normal del mundo es que gane, sí. Capaz y hasta golea. Pero difícilmente volverá a marcar ocho goles en un mismo partido. 

Creí que yo estaba metido en un serio problema, mas en eso vi a un padre y a un hijo caminar por el estacionamiento.

Volteé a ver a mi sobrino y me di cuenta de que él también veía a ese par de poblanos. 

Lucía soberbio y burlón. Como si la pena de ellos le confortara su espíritu ganador.

Definitivamente estaba en un serio problema. 

Miguelito se había hecho una idea equivocada del ADN de su equipo, y difícilmente podré quitarle eso. Porque tardes así no se borran de la mente. 

Cree que es hincha de un club demoledor. Y aunque Tigres aspira a ser siempre protagonista, lo cierto es que ese papel avasallador ocurre menos de lo pensado.

Volví a ver a los poblanos, sin embargo, y descubrí que su problema era más grande.

Porque el mío consistía en evitar que mi sobrino se creyera lo que no es. Ellos, en cambio, no mitigaban con la humillación de una goleada de escándalo. Nada de eso. Seguían por la vida como un par de sujetos que alguna vez gustaron del juego pero renunciaron a ello.

Serán felices cada quien con su vida. El niño y sus cosas de niño; el adulto y sus preocupaciones.

No había dolor en sus semblantes. Incluso se permitieron sonreír en medio de una noche que debía transmitirles vergüenza, tristeza y coraje, pero no. Resulta que eso es algo que solo pasa en Nuevo León.

—¿Por qué estás tan serio, tío? —preguntó mi sobrino—. ¡Si fue una noche bastante divertida!

Me puse a su altura y lo miré fijamente a los ojos. Pensaba soltarle algún discurso realista que le pusiera los pies en la tierra, mas al ser testigo de su alegría acabé contagiado. 

—Tienes razón, chaparro —le dije mientras le alborotaba el cabello—. El fútbol a veces puede ser divertido.

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Twitter: JaimeGarza94

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