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El gol que lo cambió todo

Eran los minutos finales del partido. Tigres y Toluca jugaban la fecha número diecisiete del Apertura 2014; el torneo de las casacas negras.

Aquella campaña fue bastante extraña. Lucas Lobos, que hasta ese momento era el referente e ídolo del equipo, se había ido de fea manera de la institución. También se fue Danilo Verón y Carlos Salcido. Alan Pulido tenía demandado al club, y Damián Alvarez parecía disputar sus últimos torneos como profesional. 

Lugo y Burbano no se lograban consolidar; Arévalo, Dueñas y Pizarro daban paz defensiva en el medio campo, pero arriba ofrecían de poco a nada.

Llegaron a mitad de campeonato con una débil suma de puntos. Goleaban y después perdían. Empataban y luego ganaban de manera confundida. Todo cambió, sin embargo, después de que un sector de la afición amenazó con pintar de negro el estadio Universitario.

Por obra de la casualidad (o vaya usted a saber por qué), Tigres comenzó a sumar unidades. 

En un abrir y cerrar de ojos, la hinchada ya cantaba el nombre de otro jugador: un tal Joffre Guerrón, y el equipo no solo se clasificó a la liguilla con antelación, sino que arribaron a la última jornada con la posibilidad de clasificarse también a la Copa Libertadores de América. 

Para ello, solo bastaba con ganar, pues en frente tenían al Toluca, que era el rival directo para amarrar tal boleto. Lo que ocurrió esa noche en el Volcán, no tiene desperdicio…

¿Se acuerdan cuando dijimos que Damián Álvarez parecía disputar sus últimos torneos como profesional?

Pidámosle perdón, por favor. Porque un jugador que está tan cerca del retiro, no recibe la pelota como la recibió aquella noche, ni hubiese cruzado de zurda como lo hizo él al minuto noventa, para dejar sin garganta a unos aficionados que, con lágrimas en los ojos, se sabían clasificados a la Copa Libertadores de América.

Gracias, Damián Álvarez, porque ese gol lo cambió todo. Gracias a ti el equipo se clasificó al certamen más importante del continente y se demostró a sí mismo que estaba para competirle a cualquiera. 

Aquella noche, el escudo tenía tres estrellas. Hoy tiene más del doble y el equipo al que representa es el subcampeón del mundo, aunque el término le pese a más de uno.

¿Y saben qué?

Nada de eso habría sido posible sin el gol del enano. 

Gracias, insisto, por meternos en el mapa.

Cuando todo está dicho, decir más, está de más.

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Twitter: JaimeGarza94

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