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fútbol

A veces el fútbol logra lo que la vida no

El partido del cual voy a contarles, corresponde a la jornada cinco del clausura 2013. Un Tigres contra Tijuana que acabó en empate a dos.

Si nos limitamos a hablar sobre lo que se hizo y no dentro del terreno de juego, nos quedaremos con dos horrores garrafales por parte de la defensiva felina y un par de goles oportunos de Lucas Lobos. 

Sin embargo, no es de fútbol de lo que quiero hablarles. O tal vez sí, pero no desde el ojo táctico ni de lo analítico. Me referiré, más bien, a esas veces en las que el fútbol logra lo que la vida no.

¿Estamos todos de acuerdo en que Lucas Lobos ha sido uno de los jugadores más importantes en la historia del club?

El argentino llegó cuando Tigres aspiraba de poco a nada. Le tocaron épocas terribles y jamás se bajó del barco. Se las arregló, incluso, para robarle una que otra sonrisa a una hinchada bastante maltratada.

Cargó la anhelada copa en 2011, y dos años después fue pieza clave para que el equipo cerrara el verano como líder de la competencia, en un semestre bastante amargo para él.

Pocas veces nos detenemos a pensar en la persona que está detrás del futbolista. Creemos que estos sujetos andan siempre en botines y pantaloncillos cortos. Nos imaginamos que nunca sufren ni se preocupan, pero resulta que el futbolista es un hombre común y corriente, y a los hombres comunes y corrientes nos pega duro cuando alguno de los nuestros la está pasando mal en temas de salud.

No es necesario entrar en detalles para comprender el sufrimiento del entonces capitán felino. Solo diremos que tuvo un par de hijos gemelos, que uno de ellos la ha remado bastante duro desde que llegó a éste mundo, y que durante aquél partido ante Tijuana enfrentaba una dura batalla, mientras su padre cumplía (sabrá Dios cómo y con la cabeza en dónde), con su trabajo. 

Y cumplía de manera estupenda…

No importa que un gol haya sido accidentado y el otro un golazo. Tampoco interesa que las desatenciones de los defensas hayan impedido el triunfo. Quedémonos con que un hombre con la peor de las angustias reventándole el pecho, gritó dos veces gol y fue feliz durante noventa minutos pertenecientes a, quizás, uno de los días más difíciles de su vida.

Porque a veces el fútbol logra lo que la vida no. Esa noche Lucas Lobos fue testigo de ello, tras sonreír en medio de la tristeza.

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