Jugar bien / Escribir bien
Historico

¿Por qué queremos al “Jefecito”?

Hay personas que dicen que a veces no es tanto los resultados profesionales que dejas, sino las personas y/o almas que impactas en el día a día que sumados conllevan a la vida. Aterrizando esta idea en el contexto futbolístico podemos llegar a la conclusión que, en relación al medio del espectador, son millones los jugadores que vemos y son pocos en porcentaje los que nos dejan un sentimiento o adrenalina permanente tanto durante su etapa profesional como activos, así como en la parte del retiro en donde son las memorias las que cobran vida y nos cuentan una historia pasada pero real.

Haciendo énfasis en este último aspecto del famoso colgado de botines, se nos acaba de ir quizás el ultimo gran líder argentino. Javier Mascherano, aquel pupilo que lleno los ojos de Marcelo Bielsa, ha dicho adiós al fútbol y nos deja, más que títulos, valores y convicciones de un guerrero corto en estatura y grande en corazón.

Curioso ha sido el caso de “Masche”, quien debutó en la selección absoluta de la Argentina antes de hacerlo con River Plate hace más de 15 años. Pasando por equipos como Corinthians y West Ham United hasta su gran prueba en el Liverpool de Benítez, Gerrard y Xabi Alonso, el nacido en San Lorenzo siempre fue punto de equilibrio en sistema táctico, así como en unificación emocional en sus equipos, en donde el cariño se transformó en respeto y el mismo cayó en el ejemplo de lo que es ser un modelo integral de jugador. Aunque su posición natural y por excelencia era la contención, cuando un genio se topa con otro hacen magia pura. Este fue el caso en su paso por el FC Barcelona, en donde por aquel entonces Pep Guardiola le dio las herramientas necesarias para ejercer el rol de defensa central. La estatura se mantenía corta pero la visión se ampliaba y el liderazgo de expandía por aquellos años en territorio culé.

Posterior a lo comentado y dejando de lado un momento el evidente éxito obtenido en los equipos en donde ha ejercido adecuadamente su profesión, cerrando su carrera con pasos en China y en su tierra, la selección ha sido quizás el espacio donde el mundo ha podido ver en Javier aquella vocación que emana con fluidez. Solo le hacía falta saber que jugaría por la albiceleste para que Javier aparezca en esencia.

A pesar de ser el jugador con más participaciones a lo largo de la historia de la Argentina, al igual que muchos compañeros de una selección plagada de figuras, nunca se le pudo dar un título que no sean las medallas olímpicas en Atenas y Pekín respectivamente. Quizás para el y muchos compañeros suyos, el torneo donde más pudo haber radiado la justificación del cariño que le tenemos todos los aficionados al 14 de la selección nacional fue el Mundial de Brasil 2014, aquel torneo de la famosa barrida al remate de Arjen Robben y de las palabras motivacionales a “Chiquito” Romero para que se haga enorme. Lamentablemente y, por cosas del fútbol, el título nunca llegó, pero nadie podrá borrar jamás lo que nos hizo sentir el doble medallista olímpico argentino.

Con 36 años, Javier dice adiós al fútbol y aunque no era muy común verlo ejercer el rol de capitán superficial, a mi percepción personal, el siempre ha sido el líder que irradiaba la pasión que un argentino, un latino y un apasionado puede tenerle al fútbol. Estoy convencido que la gente no recordará tanto con quien jugo “Masche” o cuantos subcampeonatos obtuvo con la albiceleste, sino que su legado y forma de usar el fútbol como medio de revelación de carácter, de convicción y amor a la profesión son los aspectos que nos vamos a llevar siempre. “El Jefecito” pasa la pagina y el fútbol escribe un capitulo mas por contar a las nuevas generaciones.

Gracias Javier.

 

Twitter: LuchoRejasSa / IG: luchorejas95

Comentarios

Close
Gracias por apoyar Rectangulo Verde