Jugar bien / Escribir bien
Opinión

Y a todo esto… ¿Quién inventó la tabla general?

La pelota es fantástica. A decir verdad, creo que ni en el mejor de los casos puede compararse con la vida, porque el juego, no siempre pone las cosas en su lugar.

A lo largo del tiempo hemos sido testigos de noches memorables, de temporadas donde el impensado se comió la liga, torneos épicos y dignos de una serie de 8 episodios para Netflix. Bastó con una sola exhibición en la cual logran arrebatarle el podio al equipo más potente para creer, para soñar que se puede.

El juego no es malo ni bueno, solo es. No se puede hablar de justicia, pero está permitido revivir los momentos de lucidez en la construcción de ataque o destrucción del mismo y que no se logró reflejar en el marcador. Es válido volver a ver los partidos y pensar que una derrota se pudo haber evitado si aquél tiro de media distancia al 84´ no la tapa el arquero, o si el arbitro no se equivoca perjudicando y reflejándose la decisión en resultado. Después, todos los equipos al terminar su torneo, si van a cada partido jugado, se dan cuenta que pudieron haber terminado con mayor número de puntos por acciones puntuales capitalizadas o no.

Ahora bien. ¿La calidad siempre se va a imponer? Me parece que sí, pero puede que la contundencia te diga otra cosa. La regla es simple y no pienso que cambie durante los próximos 10 años: gana el que convierta uno más.

También, es cierto que dentro de la cancha los valores de Transfermarkt no juegan más, pero es como todo, no podemos ser estrictos en ese sentido porque en un mano a mano el que cobra $20 mil dólares, engancha y le rompe la cintura al que cobra $5 mil que nunca la vio venir… ¿y cuánto vale la picardía en la élite? Quisiera saberlo porque hoy en las escuelitas de futbol están acabando con la clave del juego; la gambeta y el engaño.

La competencia desde siempre ha sido encarnizada: pelean arriba los mismos casi siempre. Después, si, aparecen casos de equipos conectados, inspirados y lúcidos en la ejecución que se vuelven contundentes al frente y atrás. Nóminas que irrumpen y se vuelven una brisa esperanzadora ante el periodismo y cierta porción de la afición nacional. Se habla del entrenador, de la dirigencia, de los jugadores y del staff. Son el ejemplo a seguir cuando al inicio del torneo poco o nada daban por ellos. La palabra trabajo se vuelve el común denominador dentro de estas mesas redondas en televisión nacional donde dos panelistas están a favor y dos en contra.

La competencia no es cosa menor. La tabla de posiciones le da el sabor que hace enloquecer a la afición y a los medios de comunicación. Las jornadas dobles se vuelven vitales si ganas de 7 a 9 puntos, o terminan por dañarte severamente si sumas un punto de nueve.

Me queda claro que todos los equipos trabajan y trabajan bien, que se entrenan adecuadamente y que no se bajan del autobús dando por perdido un partido, aunque sea contra el puntero general. La culpa, nunca es de un solo individuo en el futbol. El juego es tan benévolo como tan castigador si así lo quiere, y claro, si así lo queremos ver.

¿Llegará el día donde, en un torneo que clasifican 8, avancen los 20 que participan? Digo, tomando en cuenta que también ellos juegan bien y entrenan bien. Bueno, pues eso es el juego y la competencia.

Todos los torneos se caracterizan por tener buenos equipos y otros a los que la suerte no los acompaña (si, escribí suerte), pero no podemos olvidarnos que eso es juzgado desde el punto de vista estadístico y no desde una inspección donde un supervisor convive con el equipo durante el torneo cotejando que se hacen bien las cosas sin necesariamente tener que estar en el primer lugar de la tabla general.

Decía Gabriel Rolón en uno de sus libros: “La historia está hecha de recuerdos erróneos, difusos, a veces fabulados e, incluso, de reminiscencias de cosas que jamás ocurrieron y, sin embargo, para ese sujeto tienen peso de verdad”.

No puedes ir por la vida, recordando etapas en clubes anteriores y relacionando el rendimiento obtenido con la capacidad laboral y profesional donde quizá se pudo haber hecho un mejor papel. El juego necesita de equipos rankeando en la parte alta y baja, no te habla de justicia ni mucho menos te va a reconfortar con algún premio por tu noble y esmerada participación.

Por cierto, el libro del señor Rolón se titula “El precio de la pasión”.

Daniel Guerrero | @dga_futbol

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