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Opinión

Minutos finales y una delgada línea

La concreción del gol en la recta final del partido, llama a escena a un repliegue defensivo cerca del arco propio y la cesión de la tenencia de la pelota. Lo increíble está en que la instrucción táctica de “tirarse atrás” nunca aparece en la toma de televisión, como si de un mito se tratara.

Acerca de los partidos donde hay ventaja favorable ventaja y tras recibir gol todo cambia en automático, decía Erick Moreno, un entrañable amigo de barrio en Ciudad Victoria, que él “no sabía dónde termina la delgada línea entre tirarse atrás por instrucción del entrenador y el tirarse atrás en automático por parte de los jugadores”. ¡Qué difícil saberlo, bendito juego!

Hay un sinfín de factores que van influyendo sobre la cesión de espacios y posesión, pues lo puede ser una expulsión, una condición (visitante – local), un marcador requerido (resultado exacto para avanzar), el nivel competitivo del adversario y otros más. Estos libretos de final de partido, vuelven emocionantes y a la vez desesperantes el entorno momentáneo, mientras que la opinión pública comienza a ser más certera y dolosa sin tener un conocimiento cercano a los motivos que han orillado a los jugadores a tomar esa decisión estratégica; reducir espacios, aglomerar elementos y evitar la finalización.

Quizá una de las primeras conclusiones, tiene como pilar el sentido de supervivencia que dispone cualquier ser humano, ese, de defenderse ante el peligro, de tener atención y enfoque ante la incertidumbre oscura, evitando cualquier distracción que lo lleve a perder la pelea. Y es que, en automático los equipos se compactan, se posicionan cerca del área y de ahí, parten hacia delante cuando haya que salir y achicar, pero como también decía Erick “avanzan 10 metros y retroceden 20”.

Al equipo que ataca se le hace efímero el tiempo disponible y para el que defiende, una eternidad. Son minutos de esperanza e ilusión, también de suspenso y dramatismo.

Defender con el balón es una idea eficaz, pero exige de valentía para pedirla, tenerla y jugar. Sin embargo, son pocos los equipos que lo logran, y esto requiere de entrar a la misma sintonía los 11 elementos, con fatiga, con golpes y con estrés. Quizá, llegamos a una segunda conclusión: la stamina disponible sobre el final.

Como cual joystick de PlayStation, el entrenador desde la banda pide que el equipo salga, que vaya hacia delante, pero no encuentra respuesta, el equipo no logra reaccionar al mando, a la instrucción. Han decidido terminar así, defendiendo a escasos metros y ya nadie podrá cambiar. La decisión está tomada.

Con el sentido de la lógica, acumular un buen número de jugadores dentro del área grande sosteniendo los “nueves” rivales ante inminentes centros al área, es algo a favor del que defiende, pues se vuelve complicado que venga un remate certero del delantero por las condiciones para gestarlo. Las pelotas diagonales toman un rol protagónico ya que encuentra a jugadores que van “entrando” perfilados y con la marca por detrás o a la misma altura, con una inmejorable condición favorable para rematar. El tiro a gol, ante una sobrepoblación de jugadores en los 16.50, encuentra un camino casi que impensado para pasar entre tantas piernas sin estrellarse y quedar a merced de la reacción y estirada del arquero para detener ese balón.

Hace no mucho, veía un par de partidos de un equipo de primera división en Colombia, y precisamente en los últimos 20 minutos, el equipo defendía muy cerca del arco, sobre todo por carriles interiores cediendo los espacios a los costados, esto permitía que los laterales y volantes del rival, los ocuparan y utilizaran para surtir de centros el área. Los centrales, permanentemente se dedicaban a competir por aire y despejar. Fue difícil que les entraran, aunque claro está, que en un par de acciones (o genialidades) les convirtieron y sacaron el empate sobre la hora.

Ahora bien, lo escrito acá no tiene relación directa con la forma de defender en bloque bajo que algunos clubes realizan, pues los principios defensivos, los conceptos y la experiencia de una equipo están a prueba permanentemente en un partido amistoso, en una semifinal o en un doble área de sesión regenerativa, y esa reducción de espacios (equipo colombiano) la mostraron por lapsos pasajeros en etapa inicial y madura en otros partidos, es decir, están capacitados para defender muy cerca del arco, cerrarse bien y que solamente las asociaciones dinámicas y técnicamente muy depuradas, pueden vulnerar mediante un ataque interior, sin embargo, no se convierten en la conclusión más importante (equipo que defiende muy atrás) ya que la frecuencia de este comportamiento defensivo, tenía más relación con los minutos finales y no tanto con la medular del encuentro.

Daniel Guerrero | @dga_futbol

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