Jugar bien / Escribir bien
Opinión

Aunque se vistan de seda… Pícaros se quedan

Y es que la industria sigue enmascarando la esencia del juego ante una vorágine de información y bombardeos tal cuál conflicto bélico podría sentirse orgulloso al echar un vistazo en las redes sociales y comprobar que se sale campeón con mil cosas, menos jugando a la pelota.

Hace 10 años, quizá andábamos en camiones, caminábamos entre conflictos civiles y sociales volviendo de la práctica a la casa, con audífonos de baja calidad y saludando a los vecinos que salían a sentarse y charlar en la banqueta durante el atardecer. Poco después, conocieron las redes sociales y Netflix, y desde entonces, ya no conocen siquiera a los vecinos.

La picardía, el engaño y el gusto puro y noble por competir cualquier pelota, por hacer que la parte “física” de la sesión pasara rápida y el profe dijera “hacemos futbol, muchachos” se fue terminando poco a poco. Esto se fue despedazando. Estamos muy lejos del juego y tan cerca de los GPS.

Aparecieron los papás dirigentes, los que casi que ya escuchaban el diálogo con un representante del club más importante en la ciudad para negociar un traspaso. Saldría en todos los periódicos locales. El jugador que cambiaría la historia, claro, visto desde el amor de papá y mamá.

La intención creo, sigue siendo noble o al menos muy bien disfrazada de ella, y el constante visoreo de jugadores sigue llenando las ilusiones de los pequeños, que al llegar a casa club se reúnen con 149 chamacos que también están ahí por la gran oportunidad.

Y es que lo que no se usa, se oxida, se olvida. Exigieron al jugador a cambiar su estilo, a entrar al gimnasio, a tener que ser un ejecutor del conocimiento adquirido por el entrenador como verdad absoluta en ese momento.

Aparecieron los GPS, la cuantificación, las estadísticas profundas. Es dificilísimo entender el juego como once más un entrenador.

El buen jugador logra trascender, irrumpe y desequilibra lo que apenas empezaba a estabilizarse tras el paso de un gran jugador juvenil que robó las miradas y suspiros, que se convirtió en el oasis y el gran suspiro para mantener la inspiración de debutar. Ese que ahora tiene frecuencia de convocatoria en la selección nacional.

El buen jugador destaca, pero la realidad es que demasiados se quedan en el camino y no, no por su culpa. Una pequeña decisión en el lobby del hotel cuando el entrenador dice “este jugador no entra en mis planes”, puede marcar la pequeña diferencia. Pero la culpa tampoco es del entrenador. Solamente se puede tener 24 – 28 por torneo. Esto, esto no es repartir culpas como si de un juez se tratara.

Llegaron los lujos, los contratos millonarios y las distracciones. Ya hay vigilancia al entrar al barrio de residencia, la bicicleta está oxidada y ahora un Mercedes aguarda en la cochera, hay compromisos con patrocinadores y concentraciones en hoteles de 5 estrellas. Pero es indudable que, en algún lugar muy recóndito del futbolista surgido del barrio, está almacenada esa chispa que al silbar el árbitro cambiará todo, que levantará a más de uno de sus asientos y lo hará vibrar. Le hará recordar a los ídolos históricos de la institución, le incitará a recordar un poco del pasado. Habrá resistencia a la formalidad, al protocolo, y claro, con justa razón, y es que acá abajo no existe eso, ni tendría motivo de existir y aún así, logró seducir a los ojos de empresarios multimillonarios que realizan la apuesta de un porcentaje del patrimonio depositando esa confianza en sus pies, aunque viéndolo bien, en realidad las fortunas están confiadas a la sorpresa y el engaño que ese jugador pueda hacer con la pelota en los pies, pegada al piso. Al pensamiento pícaro.

El buen jugador nunca olvida de donde viene, pero, sobre todo, no olvida cuál era su esencia como futbolista. Sí, esa que conquistó al visor y que tanta emoción causaba cuando jugaba entre amigos y cancha de tierra.

Se fueron las tribunas de madera y aparecieron los estadios boutique.

Se fueron esas canchas de tierra con bicicletas atadas a la malla; Llegaron los centros de formación con cafetería y mesitas.

Tan lejos del juego, y tan cerca de ser europeos.

Daniel Guerrero | @dga_futbol

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