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Opinión

Precisamente aquí, todo se complica

Es que es justo ahí, donde se complica todo. En la oposición, en la aceleración, en la anulación del primer y quizá segundo plan ofensivo.  Es ahí, donde la salida corta con los centrales está ferozmente vigilada por 3 punteros rivales, donde arriba se está empatado numéricamente contra la línea defensiva rival, pero aparece un gran espacio entre punteros y defensores.

La oposición lo complica todo. Altera la idea original, provoca que las cantidades de tinta del plumón de agua sobre la pizarra, puedan no tener fundamento de ser. El tiempo y espacio no están, hoy, y ante la ocurrencia bien fundamentada de presionar alto, el espacio se tomó el día libre y el tiempo ha decido ir a Acapulco a tomar el sol. La facilidad para hacer lo que se debe de hacer en ese espacio, las condiciones favorables para gestar el ataque y los ingredientes que necesita no se encuentran por ningún supermercado hoy. El espacio para conducir hasta la línea media, será complicado que pueda aparecer en escena. Lo más cercano que podamos ver, será a un tipo con la pelota en los pies como si la hubiera hurtado y el policía viene en persecución detrás de él. El extremo derecho pide la pelota, quizá le puede quitar el problema del policía encima y ahora encarar al lateral, gambetearlo y entrar al área.

Cuando se logra pasar la media cancha, el espacio y las condiciones propicias para la gambeta, para el encare, para la picardía y el atrevimiento, surgen. Hay una sensación de dominio, de intentar dañar, de buscar el gol. Sin embargo, cada vez menos frecuente logran pasar medio campo. Qué razón tenía aquella persona que dijo, que “el gol es el táctico”.

El partido se ha convertido en pérdidas constantes en propia parcela, en correr hacia atrás, en retroceso, en el cambio constantemente del chip de ataque a defensa, del placer de tenerla al deber de quitarla. El juego se vuelve lucha, transición, se vuelve rocoso, ríspido, no hay fluidez, y es que las letras no logran armar palabras y frases que embellezcan la dinámica del encuentro, que narren un mar tranquilo, que nos hablen de calma.

Con el pressing alto y la dinámica acelerada, el pensamiento y la decisión sufrieron un alza vertiginosa en sus revoluciones, los pases imprecisos, los jugadores orientados contra la línea y forzados a lanzar largo, van complicando la recepción dirigida con la intención de quedar frente a la línea de cuatro rival.

El juego necesita una solución, y aunque probablemente bajar las revoluciones para volver a las bases es lo ideal, la presión llevada al extremo por el adversario, pone en riesgo ese “mar tranquilo” para el modelo de juego en ataque buscado. Quizá lo pueda normalizar a nuestro favor el gol, o quizá una anotación nos demuestre que todavía no se toca el techo del pressing adversario. Hay tormentas en altamar y el ritmo es insaciable, de recuperación, de roce, de lucha, de anticipación, de quite.

En pocas palabras, hablo de los partidos llevados a una dinámica más rápida, más veloz, pero a la vez más incompetente del buen juego, enemiga de los ataques posicionales y defensas con 10 detrás de la línea de la pelota. El juego, como un McLaren, acelera de 0 a 100 en menos de 3 segundos. ¿Quién se acercará y con sus brazos extendidos, pedirá la pelota, controlará y le dará esa pausa al juego? ¿Cómo se disminuyen las revoluciones en un partido de fútbol?

Daniel Guerrero | @dga_futbol 

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