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Futbol internacional

El incomprensible Caribe

El fútbol que rodea las aguas del Mar Caribe ha mostrado indicios de evolución desde años atrás. El Caribe no sólo abarca un cierto número de islas, abarca la zona del sur de Norteamérica, la del norte de Sudamérica y la de Centroamérica en sí. Sin embargo, pese a los detalles geográficos de la oración anterior, la idea aquí es analizar exclusivamente a las islas que componen a las Antillas Mayores, las Antillas Menores, y uno que otro país continental con costa, naciones que en la presente Copa Oro 2019 han arrojado conclusiones sumamente interesantes.

Con la intención de aclarar el panorama caribeño de forma más nítida, platicamos de forma breve con Jacques Passy, quien montó un proyecto deportivo en San Cristóbal y Nieves -el cual otorgó grandes frutos- convirtiendo al estratega mexicano en una voz autorizada para opinar acerca del fútbol de dicha zona.

El génesis no define el sino

Es importante establecer que el sitio donde uno nace no da ni quita la capacidad de ser un gran futbolista. Un jamaicano puede llegar a tener el mismo potencial que un uruguayo, un serbio o un congolés, todo depende del proceso formativo que el deportista lleve a cabo tanto en materia futbolística como en criterios psicológicos y de motricidad. Dicho lo anterior, también es importante remarcar que los habitantes de El Caribe llevan consigo una ligera ventaja, misma que siendo aprovechada de forma precisa puede colocar al atleta caribeño un peldaño por encima del resto.

El biotipo caribeño

Con biotipo nos referimos al uso de la biología para la clasificación del cuerpo humano según su forma y algunas características del organismo (metabolismo, contextura corporal, entre otras). El biotipo que ronda en gran parte de las islas antes mencionadas otorga rasgos y aptitudes físicas dignas de un atleta de élite, como fuerza, velocidad, potencia y resistencia, por mencionar algunos ejemplos.

Sin embargo, como menciona Jacques Passy, el biotipo no coloca al jugador caribeño en la cúspide del rendimiento, solamente lo encamina de forma natural, dándole al formador deportivo y al mismo jugador la necesidad y la responsabilidad de trabajar y desarrollarse año tras año para ser superior al resto de la competencia.

El caribeño y la bola

Al final lo que interesa es saber cómo se desenvuelve el caribeño con la redonda dentro de un rectángulo verde, con la intención de ver si es capaz de responder en escenarios demandantes. El futbolista de dicha zona del mundo se empapa día tras día de un fútbol muy distintivo: transiciones veloces, gran verticalidad y juego directo, aspectos acompañados por momentos de posesión de balón en zonas y momentos específicos del juego.

¿El futbolista caribeño lograría tener éxito en México? La respuesta roza la afirmación, siempre y cuando no se busque cambiar sus formas de desarrollarse con la bola. Los clubes mexicanos encontrarían en El Caribe una mina de futbolistas para potenciar y formar, sin embargo, dichos clubes deben ser conscientes de qué tipo de activos están encontrando y cómo se lograrían incorporar a cada faceta del modelo de juego del equipo.

La prueba está en Curazao, nación que desde hace años ha comenzado a levantar la mano a partir de un buen proyecto. La llegada de Patrick Kluivert en 2016 y el aprovechar la doble nacionalidad de sus futbolistas para emigrar a los Países Bajos a continuar su formación trajo grandes frutos. De esta forma, en esta Copa Oro 2019 fuimos testigos del gran funcionamiento de Curazao, brindando conceptos de fútbol asociativo matizado con efervescencia.

Elson Hooi, Gevaro Nepomuceno y Jafar Arias (por mencionar algunos casos) son el ejemplo de cómo futbolistas caribeños bajo las manos de buenos formadores (en este caso neerlandeses) pueden lograr ser jugadores competitivos bajo múltiples latitudes.

De igual forma, Shamar Nicholson, Duckens Nazon, Kenji Gorré, Romaine Sawyers -entre otros- son futbolistas que se encuentran en un rango de edad apropiado para competir en México, tanto en divisiones de ascenso como en la máxima categoría, bajo un precio que difícilmente excederá los tres millones de dólares.

¿Por qué no pensar en futbolistas de El Caribe participando en el juego directo que Pumas práctica últimamente, o en el juego asociativo que busca llevar a cabo Tigres, e incluso en el juego vertical y de transiciones de América? Sin duda estamos hablando de un escenario de mucha mayor exigencia, sin embargo, si la idea es insertar a un caribeño en una idea de juego que este conozca y bajo la cual se sienta cómodo el resultado puede ser más que grato.

 

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Minimalista.

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