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Opinión

Como un niño en navidad, así son los hijos del 51

Verano, 1999. Difícilmente en el fútbol mexicano conocemos al campeón antes de arrancar un torneo, caso contrario a lo que pasa en España, Italia o Alemania, con todo y sus benditas excepciones. Sin embargo, entonces todos sabíamos que el Toluca de Saturnino Cardozo hallaría la manera de quedarse con la corona. 

‘’…y mientras los diablos daban la vuelta presupuestada, me doy tiempo de ver al derrotado y a sus aficionados. ¿Por qué sonríen? Claro, ahora lo entiendo. Son hinchas del Atlas…’’

Entremos en contexto. En Jalisco hay un equipo rojinegro que no ha acabado por entender que esto es una competencia. Ni ellos, ni sus aficionados. Mira que pocas historias en el mundo como la suya: de abuelo a nieto han crecido y muerto sin ver a sus zorros campeones, y a pesar de todo ahí están, navegando bajo una ilusión incomprendida.

Contrario a lo que ocurre con Cruz Azul, este equipo no tiene compromiso con ninguna etiqueta. Ellos no son grandes, nunca lo serán. Sin embargo, con toda y su extraña ‘’mediocridad’’, se las arreglan para ser felices. Algo que de a poco olvidan los que nacieron grandes o aspiran a la grandeza.

Atlas me recuerda a ese vecino que hoy come carne y mañana apuesta porque el frijol no esté echado a perder. El viernes cenan en algún restaurante, aunque el sábado no alcance ni para el alquiler. Con hambre o sin techo, ellos sonríen, mientras en casa pensamos como tener más cada día, como si el mañana fuese una garantía.

Quizás exagero con el ejemplo, porque los zorros no siempre han sido pobres. Incluso hoy gozan de una economía decente, tomando en cuenta tiempos pasados. Sería más justo, supongo, compararlos con un niño en navidad. Sí, Atlas es ese infante que reta al sueño para ver si alguna noche atrapa a Santa Claus en el pino, dejándole esos regalos que hace semanas mamá escondió en la ropería. Ni la coherencia le quita la ilusión, nada le mata la esperanza. Como un niño en navidad, los hijos del 51 nos dan una cátedra de cómo sonreirle a la adversidad.

…lo juro por Diego…

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