Jugar bien/Escribir bien
Opinión

Pin-Che Diego

En un año donde mi equipo cumplió a medias por llevarme a la fiesta sin ofrecerme al menos una Copa de barro en el camino, he de buscar en cada rincón algo que presumir de este 2018. 

Me encuentro con que tuvimos al mejor goleador y que despedimos a un grande. En Argentina, Boca Jrs y River Plate hicieron realidad un sueño que creía imposible, aunque algunos enfermos ensuciaron la fantasía. Sin embargo, nada de esto fue lo mejor del año.

Sinaloa es un Estado más beisbolero que futbolero. ¿Quién diría que ahí se cumpliría mi sueño?

En esa tierra que pareciera medir de otra manera a los bandidos, nació el rumor de que renacería el hijo de dios. Mas no ese Dios escrito con mayúscula que tanto amamos en las iglesias y mencionamos en casas de buenos valores. El dios del que hablo se escribe con minúscula, porque en diminutos espacios construyó su cielo. Un rectángulo verde la hizo de morada, y ahí nació su único hijo. Brillo en la oscuridad, sombra en el atardecer. Bien del mal en uno mismo, Diego le dieron por nombre, Maradona por apellido.

En Argentina nació, en Napoli se hizo Dios porque su grandeza no le permitió vivir como humano, y en México… en México fincó su cielo y su evangelio. 

Estaba escrito en el destino que habría de volver. Aunque sea de viejo y no encontremos ni un poquito de lo que fue. Aunque no pueda hablar y razonar a la vez. Aunque del viejo Diego ya sólo quede la mirada melancólica y declaración incomoda, no deja de ser Maradona. Sinaloa cumplió con la profecía.

Gracias, Dorados, por permitirme verlo al Diego una vez más en esta tierra que es tan suya como nuestra. Porque Maradona es argentino y napolitano, pero también mexicano. Muy mexicano.

…lo juro por vos…

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