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Futbol mexicano

Pragmatismo universitario

Existe un concepto dentro del mundo del fútbol que por muchos es indispensable al momento de buscar lograr objetivos dentro de la cancha, mientras que para otros -como los más románticos- es un concepto que mancha por completo la intención de jugar siempre bajo una misma ideología y sistema. Un concepto que le podemos observar a Gerardo Martino, pero que nunca se lo palparemos a Marcelo Bielsa: el pragmatismo.

Se define al pragmatismo como la tendencia a conceder primacía al valor práctico de las cosas sobre cualquier otro valor. En el fútbol, es el poder conseguir algún resultado sin importar las formas, priorizando el valor que tiene lo conseguido como tal. Cuando un equipo que ataca en posicional batalla ampliamente para poder penetrar a un rival que juega en bloque, y por consiguiente opta por activar un juego directo buscando segundas jugadas con la intención de ser efectivo de cara al arco, está siendo un equipo pragmático.

Lo anterior se lo hemos podido notar a los Pumas de David Patiño, no en cuanto a cambiar de un juego posicional a un juego directo, porque Pumas no practica un juego asociativo como tal, sin embargo, sí en cuanto a adaptarse a lo que el rival presenta y a las condiciones del partido que surgen en el momento, y con base a ello, lograr trascender, sin importar la necesidad de tener que cambiar sus formas de relacionarse con la pelota y sin la misma.

Lo anterior se notó a la perfección en el juego de vuelta de los cuartos de final de la presente Liguilla, donde los universitarios recibieron a Tigres. Pumas era consciente de su necesidad de anotar, por ende, intento coger el esférico -de forma poco lustra- con la intención de recuperarse en el marcador. Tras ponerse al frente, para posteriormente recibir el empate, Pumas activó su clásico juego directo para buscar a sus principales activo a la ofensiva, aquellos que ofrece una gran cantidad de variantes al ataque: Carlos González y Felipe Mora, con la intención de llegar al área de Nahuel Guzmán de una forma efectiva y sin complicaciones.

Al caer el 2-1 a favor de los universitarios, Patiño optó por recular para posteriormente buscar hacer uso del contragolpe, sobre todo con la entrada de Alustiza e Iturbe, sabiendo la necesidad que tendría Tigres por marcar, dejando espacios en sus primeros dos cuartos de cancha que buscarían ser explotados por los de Ciudad Universitaria.

Y así fue, en la última jugada del partido, se aprovecharon los espacios bajo el tiempo adecuado. Alustiza firmó el 3-1 definitivo en un contragolpe formidable llevado a cabo por el paraguayo González, dejando a unos inoperantes Tigres sobre el cálido césped de la capital.

David Patiño demostró su capacidad de ser pragmático, lo que lo convierte en un técnico con potencial al momento de buscar trascender bajo escenarios importantes. Su 4-4-2 es su esquema natural y con el que logra hacer sentir más cómodos a sus dirigidos, sin embargo, bajo necesidades de cambio sabe responder y colocar el resultado como lo más valioso que su equipo puede conseguir.

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Minimalista.

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