Jugar bien/Escribir bien
Opinión

Santa Derrota

Cuando me invitaron a participar en la entrega de los locos más cuerdos, no cabía de la alegría. Me imaginé siendo parte de esta fiesta entendida por nadie y consumida por todos. Me vi pegada al botín izquierdo de estos que no entienden, que no aceptan que el fútbol es cosa de 11 y reman contra todos sin recibir ayuda. Sin embargo, cuando me contaron de qué iba mi plan, la ilusión se esfumó.

-Te llamarás Derrota

-Excelente. ¿Cuál será mi labor?

-Castigarás el esfuerzo no consumado.

-¿Y el arbitro?

-Serás más importante que él.

-Pero él es quien castiga.

-Tú serás quien condene.

Volví a emocionarme. Sería juez en Don Libertinaje. ¿Qué hice de bueno para merecerlo?

-Que orgullo. ¿Cómo crees que lo tome Victoria?

-Créeme. Ella será quien más te ame.

-Genial. ¿Cuándo empiezo?

-Mañana.

-¿En la final?

-Te toca debutar en grande, así que descansa.

Juro que esa noche intenté dormir como nunca, mas no halle sueño. Y cuando hallaba, la emoción me despertaba. Asistente de Victoria, me decía sonriendo, y reanudaba mi inútil batalla contra el insomnio.

El partido comienza, voy de suplente pero eso poco importa. De rato entro. Así sean cinco minutos. Así no alcance a tocar el balón y colabore nada en el desarrollo del partido, seré parte de él, y con eso basta y sobra. 

No entro. Termina el partido y no puedo no echar la cara al suelo. Sin embargo, la esperanza sigue en pie. Será en el siguiente. 

De pronto los jugadores del equipo derrotado me abrazan, yo recibo el gesto como a quien le dan un dulce sin esperarlo, pero algo ocurre. Me abrazan sin ganas. Me abrazan porque Victoria está ocupada con los ganadores, y al parecer yo era el consuelo.

He de admitir que no me dolió demasiado el rol, aunque sí me sorprendió. Creí que iría de la mano de Victoria, no de contra cara. Con todo y todo, intenté hallarle el lado bueno, y lo logré, mas poco me duró el gusto. Porque el derrotado trazó en mí las culpas que se negaba a aceptar, y yo entiendo nada.

¿Tan miserables son estos gélidos hombros que no les importa lo logrado durante el juego? Miren que a veces Victoria peca de injusta, y le sonríe a quien poco lo merece, pero… ¿qué culpa tengo yo? Si alguien me hubiese recitado la suerte de esta Santa diabla, den por seguro que no habría aceptado.

…lo juro por Diego…

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