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Opinión

Los amigos de Damián

El 10 de diciembre de 2017 es una fecha que jamás se olvidará en la sultana del norte. Ni en Guadalupe, por la tragedia más grande, ni en San Nicolás, por la alegría de su vida.

Sin embargo, en Tigres no solo hubo sonrisas cuando el silbante marcó el final del partido y los dejó como campeones del fútbol mexicano en el escenario más deseado. También llegaron lágrimas, y no precisamente de felicidad.

Pasa que esos 90 minutos fueron los últimos del enano más gigante que ha brillado en el volcán. Un monstruo donde quiera que jugó, y como muestra de ello, están los compañeros y maestros que caminaron donde el caminó.

Desde jugadores de talla internacional como: Pablo Aimar, Javier Saviola, Juan Pablo Sorín, Germán Burgos, hasta figuras del balompié azteca; Miguel Calero (QEPD), Aquivaldo Mosquera, Andrés Chitiva, Gabriel Caballero, Chaco Giménez, André Pierre Gignac, Eduardo Vargas, Lucas Lobos, Nahuel Guzmán, entre muchos otros, han sido parte de los triunfos y tropiezos de uno de los mejores mediocampistas en la historia del balompié mexicano.

Damián Alvarez es único. Su estilo predecible, aunque irremediablemente peligroso para los defensas contrarios, lo hizo pieza clave en casi todos los clubes donde jugó. Incluso, llegó a vestir la camiseta del país que mejor le acomodó en el ámbito del fútbol.

Sin embargo, el propio ‘’Enano’’ es consciente de que muy poco hubiese logrado si en su destino no hubiera encontrado a un tal Ramón Díaz, Enrique Meza o Ricardo Ferreti. Los tres de gran prestigio en su respectivo rubro.

Hoy Damián Alvarez no está más dentro del terreno de juego. El rectángulo verde y todo lo que gira y grita a su alrededor lo recuerda con nostalgia. Está en el grito de cada hincha al que en alguna tarde dejó sin voz. En el pase del compañero al que siempre llegaba y también en el arco que timorato lo veía cerrando y poniéndola en el ángulo cada y que se le antojaba.

La pieza es un tributo a los amigos del enano más gigante, que en mucho ayudaron en su crecimiento. Mas no me olvido de la entrega y el empeño que el chaparro le inyectó a cada minuto. En verdad vivió el fútbol. Por eso la pecosa lo extraña. Por eso lo extrañamos todos.

Lo juro por Diego.

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Article written by:

Abogado y profesor; autor del libro Más Allá de la razón. Fútbol y más.

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