Jugar bien/Escribir bien
Opinión

No fuimos tan distintos

Esta tarde el Veracruz recibirá al campeón del fútbol mexicano en un partido que hiede a rareza. La quema va en medio de la cancha, y el margen de error es bien pequeño para los escualos. Probablemente Tigres entrará en un circuito incomodo, donde con todo y la pelota en los pies, los espacios serán puertas difíciles de abrir.

Pero acá no estamos para hablar de aspectos tácticos del partido. De eso ya se encargaron otros colegas. Yo vengo a recordarles que este juego tan disparejo hace algunos años no era tal. O al menos no en términos de taco y balón.

Hoy el Tigre va por las calles presumiendo lo que en el rectángulo verde los suyos han obtenido. Hacen bien. Despiertan envidias en quienes llevan décadas sin levantar algo, y ellos la sobrellevan pisoteando a quienes ya de por sí se sienten humillados. También hacen bien.

No obstante, es sano recordar que hace tiempo la suerte del campeón era similar a la del tiburón. Cuando el dinero no era bien invertido y la entrega se debatía entre jugador y ‘’vividor’’, Tigres era igual o peor de lo que hoy es Veracruz, con todo y lo mucho que pueda estimar a su fiel afición.

¿Se acuerdan cuando ganar era raro y sacar puntos en patio ajeno sabía a buena liguilla? Hoy Tigres sale obligado a ganar en Veracruz, León, Guadalajara, Puebla, Torreón y donde sea.

¿Cómo olvidar las campañas de veintipocos donde calificar en octavo lo salvaba todo? Hoy calificar va por default, y hasta en finales ganadas hallamos peros.

Veracruz pelea el descenso cada año, y al menos eso le da sabor a sus días. Tigres duro décadas en completa austeridad; perdido en la medianía de la tabla sin derecho a ilusionarse ni licencia para el miedo. Sin duda alguna, el peor sitio para jugar.

Las cosas cambiaron para los de amarillo, y si el fútbol no arroja una de esas cachetadas inesperadas, todo indica que en unos cuantos años San Nicolás dará abrigo a un nuevo grande. Sin embargo, no debemos olvidar nuestros días de semilla. No. No lo digo por humildad ni por temor a volver a caer. De eso que se encarguen los directivos. Lo digo porque es preciso ser conscientes de la historia de nuestros equipos. Entender que no siempre las cosas fueron así, y que que incluso hay más episodios grises que coloridos en nuestro diario.

Hoy nos burlamos de Veracruz, y lo entiendo. Y está bien. Pasa que la mayoría desconoce a carne viva lo que acá les cuento. Pero a ti, que te toco gritar goles del Kikin Fonseca e ilusionarte con Blas Perez, Pájaro Aguilar, Saritama y más, te invito a recordar aquellos días, y, muy probablemente, acabarás bajándole rayas a tu arrogancia y quedarás más cerca de la grandeza que tanto anhelas.

Cuando todo está dicho, decir más, está de más.

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