Jugar bien/Escribir bien
Opinión

Pelota de marca

La cenicienta hace mucho tiempo que se echó a dormir. Esa niña pecosa y cara sucia, fue sustituida por una damita bien maquillada y vestida en ropas caras. Va al centro comercial con las amigas, y aunque algunas ‘’pueden’’ más que otras, todas salen con alguna cosa.

¿A dónde voy con esta boba metáfora? A que en el juego, como en la vida, nada ganamos aferrándonos a lo ya vivido, al habitante del olvido. Era bonito ese jueguito donde los niños se convertían en héroes y los pobres, al menos por un rato, volteaban la fortuna de los suyos y frente a los ricos acababan siendo los agraciados. Sin embargo, ¿qué pasa si les digo que todos, con y sin razón, nos hemos enamorado de ese bandido negocio que tanto nos ha ‘’quitado’’?

La pelota es de marca, señores. Ya no es más esa piedra pecosa que todos pateaban y pocos respetaban. Ahora tiene precio, y cada día es más caro. Pero no se confundan ni desgarren vestiduras ni gargantas. Que en el mundo hay miles de cosas caras que nada tienen que ver con el dinero, y esta, amigos míos, es una de ellas.

¿Cuánto cuesta un boleto al paraíso futbolero?

Unos cuantos verdes y algo de monedas. Mas ello no es lo único importante, sino el trasfondo de este espectáculo al que, sin saber, nosotros llevamos de la mano. ¿O a caso creen que los boletos subieron de precio, las camisetas se llenaron de patrocinadores, y los juegos se hicieron amigos del PPV por mera coincidencia? En absoluto. Nosotros, y nuestro consumista interno, arrastramos esta pasión al mundo del billete y la prostitución emocional. ¿Con qué cara nos quejamos?

Volvamos al trasfondo. El fútbol mexicano cada día requiere de mayores relaciones e infraestructura. Aspectos que no necesariamente se obtienen con dinero, pues muchos son los millonarios y pocos los decididos a inyectarle jugo al juego. ¿Entonces? No veo de otra más que dividir la fiesta en dos; premier y amateur.

Dejémonos ya de tarugadas. Ni Tigres es igual a Zacatepec, ni Leganes es igual al Real Madrid. La competencia puede sonreírles una vez, quizás meses o años, pero en algún momento el ADN les traiciona, y acaban en el suelo. Bien por resultados, o porque al ‘’mercenario’’ de su jugador se le antoja ganar la plata que merece, pero su club no puede pagar. ¿Entonces? No veo de otra más que dividir la fiesta en dos; premier y amateur.

Cuando todo está dicho, decir más, está de más.

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