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Opinión

Anhelo de hincha

Desde que el juego se adueñó de nuestro ocio -y algo más- las ganas de formar parte de él crecieron considerablemente. Y ahí vamos, intentando patear una pelota o comentando de éste deporte al que queremos mucho sin ser del todo correspondidos. Bien vale la pena soñar, aunque sea de a ratos y en mentiras, que somos hijos de la misma fantasía.

Sin embargo, mientras más pasa el tiempo, más nos la creemos. Y en verdad hay pocas cosas tan peligrosas en el mundo como creernos nuestras mentiras.

Las redes sociales delatan el mal. Miren que sobra quien jura y perjura que a Antonio Mohamed lo trajo la afición, o que Ricardo Ferreti sienta o alinea jugadores bajo orden del aficionado. Lo primero me suena descabellado, lo segundo ni siquiera puedo imaginarlo.

¿Qué pasa con el hincha?, ¿en qué momento el deseo pudo más que el raciocinio? Cada día, incluso, los noto más agobiados que contentos. Bajo ningún concepto ni contexto esto debería de pasar. Solo somos espectadores de un show millonario, bendito escenario que montan cada seis meses bajo con el único deseo de ‘’convencernos’’, y no porque nos quieran, sino porque, literalmente, sin nosotros el negocio se viene abajo.

Lo último que menciono, es lo que ha mareado a unos cuantos. Esos que por pagar un abono, o comprar artículos del equipo se sienten con el derecho de mover el cuerpo del titiritero, y no es así. Claro que podemos reclamar, pero no podemos pretender que el auto se maneje a nuestra insana voluntad. En primer lugar, porque eso no pasa en ninguna industria. ¿O a caso se han metido a la cocina de un restaurante a prepararse su propio corte de carne porque el parrillero va de mala cara? Cuando mucho reclamamos, exhibimos la ineficacia y no volvemos más. En el fútbol, debería ser igual. En segundo, porque por más que queramos al equipo, por más buenas intenciones que tengamos, en promedio, somos más los ignorantes que los profesionales. En consecuencia, obedecer a ese sector del estadio que a diario despotrica a propios y extraños, sería una operación bastante delicada.

Pedimos espectáculo, y somos incapaces de ver más allá del resultado. Nos dan resultado, y queremos bonito toque. Nos dan toque bonito, resultado y espectáculo, y no faltará quien se moleste porque aquello se logra con sudor extranjero y no local. Nos dan bonito toque, resultado, espectáculo y material nacional, y de pronto nos cansa el ganador y volteamos con el perdedor. El círculo se repite, y la historia nunca cambia.

El anhelo de todo hincha, es ser parte de su precisa y preciosa loquera. Lo que no saben es que, parte de la magia, se debe a que la vivimos desde afuera. Como quien recuerda el ayer y le entrega nostalgia de la buena, por más amargo que sea el momento. Se angustian más que los de adentro, y poco a poco, creo, la pasión paga más platos rotos de los debidos.

Cuando todo está dicho, decir más, está de más.

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Abogado y profesor; autor del libro Más Allá de la razón. Fútbol y más.

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