Jugar bien/Escribir bien
Opinión

D10S Azteca

A lo largo de nuestra historia, la figura del ídolo se ha tergiversado tanto o más que la del líder. Tendemos a medir únicamente las cualidades técnicas para asignar el mote, y descuidamos las destrezas mentales y emocionales que, con el tiempo, descubrimos de real importancia en el tema.

Hoy vamos a hablar de Cuauhtémoc Blanco. Me apetece aprovechar sus 45 primaveras.

Loco, irreverente y atrevido. Odiado o amado, nunca ignorado. Así es el orgullo de Tepito. Por ser su casa, por ofrecerle más sonrisas a ese pueblo ‘’chiquito’’ que al que hoy le mantiene la nómina, pero… esa es otra cosa. Hablemos del futbolista. De lo que dejó en ese rectángulo verde que aún suspira su nombre.

Recuerdo la primera vez que lo vi jugar. Enfrentaba a Tigres, en un partido en el Universitario. ¿Marcador? No lo sé. ¿Año? Tampoco. ¿Cómo voy a recordar detalles de mi encuentro con el D10S Azteca?

Estaba anonadado. No creía que aquí tuviésemos nuestra propia versión del Diego -por su ADN nacional, nunca por su juego. ¿Cómo iba a distraerme mientras el espectáculo rodaba frente a mis ojos.

Dolía verlo jugar y saber que en algún momento el insolente -entonces de amarillo- cortaría la alegría con ese nefasto silbatazo final. 90 minutos eran nada. Apenas y daba tiempo a una pirueta pequeña o un piquete de costillas a la pecosa, quién salía chapeada por saberse parte del juego de Cuauhtémoc.

Es verdad que no fue el mejor. Sin embargo, fue único. Defectos le sobraban -como a cualquier humano, sea o no mexicano- pero sus virtudes eran tan vastas, tan generosas, que ensombrecían un poco su exceso de colmillo y falta de política. Gran ironía.

Era líder de vestuario, de juego, mas no sé cómo le iba fuera de. No importa. Su esencia le permite ser ídolo. Por encarnar lo bueno y lo malo del mexicano, por ser como el de abajo, el de en medio y el de arriba, por llevar al escenario divino nuestras manías y virtudes. Por eso llamo a Cuauhtémoc Blanco: D10S Azteca. Hombre que no pudo llevar su magia más allá del charco, ni le obsequió a la verde el tan anhelado quinto partido. No importa. Hasta en ese fracaso, en ese tropiezo vago o gigante, nos representó con dignidad. Así somos. Todos somos Cuauhtémoc Blanco.

Feliz día, genio.

Cuando todo está dicho, decir más, está de más.

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