Jugar bien/Escribir bien
Liga Mx

Diario de un quemado

En el mundo del fútbol, pocas cosas venden más que la lucha por no descender. Esos partidos que al inicio pocos ven, dada la baja calidad del producto, se convierten en el platillo principal de las últimas jornadas, cuando el menos malo deja todo de sí para que el peor no los arrastre a su destino infernal.

Con todo y las novedades de nuestra bandida liga que cada día parece empeñarse más en premiar la mediocridad, los integrantes de ésta batalla viven un año de poco sueño y nulo descanso. La calculadora los acompaña en el desayuno, el almuerzo, la comida, la merienda y la cena. Medio duermen con ellos, y son los primeros en despertarlos.

Hay experiencias tan tristes, que no se las deseas ni al peor de tus enemigos. En la parodia de la vida que se disfraza de juego, esto representa el descenso. Es saber que estás a un tropiezo de condenarte, condenar a tus compañeros, a la directiva, a la institución y a aquel hincha que bien va preparado para perder, empatar o ganar, pero nunca para descender. Nadie está lo suficientemente listo para tan crudo desenlace.

Hoy Veracruz parece ser el condenado a la peor de las tristezas. Diez puntos lo separan de Querétaro, quien, dicho sea de paso, comienza llevarse mejor con la Primera División. ¿Qué sigue? ¿resignarte? Nunca. Antes muerto que bajar los brazos.

Hace tiempo escribimos en éste sitio algo sobre el Tiburón y su lucha porcentual. Fueron dos artículos, los recuerdo bien. En el primero, citamos lo que debían hacer en el semestre del error, para que en la segunda mitad del año futbolistico la losa no fuera tan pesada. No lo hicieron. En el segundo, criticamos la contratación de José Saturnino Cardozo, por reunir el perfil exacto de lo que no se necesita en una batalla contra la tragedia. Creo que no nos equivocamos.

Hoy Memo Vazquez, bien por falta de oportunidades o exceso de valentía, rema un barco con rumbo a la nada. En verdad es frustrante, porque no tienen mal equipo, la afición apoya sin pesares, y, en todos los encuentros, así sea de a ratos o momentos, demuestran tener el carácter y los tamaños para solventar la pesadilla. Sin embargo, en ésta lucha no basta con lapsos ni partidos enteros. Se requiere de mística, rachas que te den un suspiro entre tanto agobio. Algo que, desde hace tiempo, falta en el puerto. Cosa rara, pues prácticamente bailan éste vals desde su nacimiento.

En conclusión, agrego que estar tan cerca del infierno te deja a merced de dos escenarios; bien te acostumbras a jugar finales semana a semana, al grado que la metáfora se convierte en realidad y te hallas disputando títulos con la misma intensidad que antes impregnabas en tu aferro a la vida, o nunca evolucionas la ironía, y le pierdes el miedo a morir. Sabes que mañana o pasado puedes volver, y luego volver a caer, y así consecutivamente. Con tristeza sospecho que el Tiburón rojo se adaptó a lo segundo.

Cuando todo está dicho, decir más, está de más.

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