Jugar bien / Escribir bien
Opinión

”Gracias”, dijo la pelota

Con el alma moribunda en vuestra espalda, y la hinchada armando un juego que poco da y mucho quita, Lionel Messi salió a la cancha a defender lo indefendible.

Los resultados poco entienden a los humanos, y mucho saben de marcianos. Por eso antes del minuto, la montaña lucía endemoniada.

Sin embargo, allá arriba sabían que algo pasaría, y fue cuestión de tiempo para que el chaparro zurda inquieta hallara una cómoda y la mandara guardar. Acto seguido, se encontró con esa bola que me hizo recordar a Diego en su último mundial, y echó 1-2 arriba a los de rayas celeste y blanca.

La suerte favoreció a los fuertes -como siempre ha ocurrido- pero la pelota algo agradeció. Porque cuando el juego se disputaba entre miedos e indecisiones, mucho echamos beso al defensor timorato y al mediocampista inseguro que frenó bola en pie del talentoso. Así hubo de ser. Pero ni en fútbol ni en vida, solapamos injusticias.

Entonces nos encontramos ahí; frenados en el rectángulo verde, bien agradeciendo a la nada o culpando al todo, siempre conscientes de que se obtuvo lo merecido.

Recuerdo a la pecosa llorando en el mediocampo, cuando Di María no fructificaba los intentos ni a Leo le llegaba en forma cómoda. No me olvido de esos ratos amargos en que héroe y villano nos sentimos en misma fiesta. Fue horripiliante. Fue tan argentino en continente poco agraciado. Porque Leo fue héroe y salvador; ícono de lo que se creía perdido, pero poco distinto a los demás.

El pibe demostró que nada ha muerto. El espíritu que hoy tiene adentro a la argentina, mucho le debe a la mística que poco o nunca más mencionaremos. La pelota agradece, porque en tiempos de poco fútbol, casi nadie se atreve a jugar.

Cuando todo está dicho, decir más, está de más.

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Abogado y profesor; autor del libro Más Allá de la razón. Fútbol y más.

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