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Futbol Internacional

Hincha vanidoso: Patrocinador anónimo que nunca será parte del juego

Aprovecho el descanso liguero, para contarles de uno de los vicios que más bronca me causan en el mundo del fútbol.

En cualquier trabajo, a uno le aplauden cuando hace bien algo -si al patrón le apetece- y le recriminan cuando falla. Incluso, hay métodos de pago que viven o mueren gracias a esto. Sin embargo, en el fútbol pasan cosas muy raras; bien festejan o lamentan al son de algo tan subjetivo como un resultado, pero amedrentan a quien opina lo contrario.

¿Por qué?

En el camino de la incongruencia, mil preguntas quedan sin respuestas. Es sencillo adueñarse de la verdad, y más en un juego que la hace de vida real. Pero… ¿qué pasa cuando alguien va en ‘’B” y tu quieres ‘’A’’? Simple: Encuentras motivos sobrantes para denigrar, y, si el destino lo permite, le reprochas su ‘’error’’ aventurero.

Vamos a un ejemplo…

Pepito bota sus días de actor en chistes de barrio, y se convierte en hincha de Futboleros F.C. Él gusta del juego directo, pero su equipo va de sábado en sábado buscando la tenencia del esférico sin importar que, en el intento, el sótano de la tabla se ha convertido en su nueva casa.

Por su parte, Juan Pérez es la antítesis de Pepito. Él apoya la propuesta de Futboleros F.C. y confía en que los resultados pronto llegarán. Éstos nunca llegan, y el ex actor se regocija burlándose de Juan Pérez… Como si la alegría de acertar fuera más grande que el amor a su equipo.

¿Quién tiene la razón?

A) Pepito, por haber acertado en su crítica y luego burlarse del inocente de Juan Pérez;

B) Juan Pérez, por defender a muerte el estilo de su preferencia, muy a pesar de que el rumbo era incierto, o;

C) Ninguna de las anteriores.

Partiendo de que ambos buscaban tener algo que no les pertenece, sospecho que la opción ‘’C’’ es la correcta.

Pasa que en el fútbol moderno, la vanidad ha contagiado hasta el hincha, y hoy muchos se creen parte del triunfo cuando el entrenador -que ni lo conoce ni lo conocerá- comparte su misma filosofía o, en su defecto, apuesta por lo contrario y el equipo pierde. Insisto; Como si la alegría de acertar fuera más grande que el amor a su equipo.

Confieso que me parece nefasta la actitud del aficionado. Mas, hasta cierto punto, la entiendo.

No es fácil que tu alegría verse en algo intangible, y que tu no puedas si quiera formar parte de ello. Porque bien alientas y bien aportas, pero el resultado sigue moviendose sin que el aficionado tenga crédito directo en los goles y/o victorias. En consecuencia, como periodista -cuando se tiene micrófono o redes sociales- o desde las gradas o sillón, uno encuentra la manera de sentirse parte del fútbol, aunque en él siempre seremos un lindo complemento y nada más.

Cuando todo está dicho, decir más, está de más.

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Article written by:

Abogado y profesor; autor del libro Más Allá de la razón. Fútbol y más.

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