Jugar bien / Escribir bien
Futbol Internacional

Pretensiones del futbolista millennial

La vida profesional -sin importar el campo- es una eterna carrera de ambiciones y frustraciones, donde el confort y la estabilidad, aparecen cual salvavidas en aguas profundas y violentas.

Pocos escritos me han causado tantas dudas como este, y no por falta de ideas, sino por la esencia del tema que se encuentra en medio del fútbol y lo social. Sin embargo, mientras más redacto, más me convenzo de que Rectángulo Verde es un buen sitio para tratarlo.

Vamos por partes. El futbolista no es más que un activo dentro de una industria que va del entretenimiento, sí, pero que trabaja con humanos tan pretensiosos y/o conformistas como cualquiera de nosotros.

Partiendo de ahí, creo que debemos bajarle unas cuantas lineas a nuestro espanto cuando un muchacho decide botar la exigencia de una liga grande -donde solo era uno más- para enrolarse en otra donde le pedirán menos e igual podrá brillar. Porque hay que dejar algo bien en claro; el profesionista vale por lo que es, no por la empresa o el lugar donde desempeña su trabajo. Dicho de otra manera; Carlos Vela, Jonathan Dos Santos o su hermano Giovani, pueden alcanzar su tope futbolistico bien jueguen en Estados Unidos, Rusia o Hong Kong. Todo depende de ellos, no de la competencia que los rodea.

Sin embargo, tampoco es un delito hablar del tema. Ellos son libres de tomar la decisión que mejor les convenga, y nosotros somos libres de criticarlos. Con respeto, claro está.

En lo particular, admito que me duele ver al fútbol cada vez más contagiado de la superficialidad mundana. Pasa que, al igual que muchos de los que aquí leemos y escribimos, nací bajo la falsa idea de que el balón rodaba a cuenta a propia; lejos de nosotros y de nuestras frívolas pretensiones. Claramente me equivoque.

El futbolista, como ya lo mencioné, no es más un activo dentro de una industria que pretende explotarlos y venderlos como marcianos ajenos a todo deseo carnal y banal. Pero la realidad es muy diferente. Su vida es muy corta, y los años de éxito a veces no alcanzan ni el lustro. En consecuencia, deben explotar hasta el último suspiro y asegurarle el futuro a cuanta generación les alcance. A final de cuentas, ellos no tienen la culpa de que la vaca redonda se haya inflado tanto.

En conclusión, amigos, les digo que entiendo su confusión. Yo también creí al futbolista distinto, pero es igual a nosotros y está bien. El juego es la industria del mañana, y mientras no llegue alguien a poner un ”hasta aquí”, ellos están en su derecho de apostarle al confort y a la estabilidad en lugar de a la superación deportiva. En una de esas encuentran ambas, y personifican la perfección material. Si no -que es lo más probable- disfrutarán del juego como ya casi nadie lo hace, y seguro le robarán sonrisas al espectador que poco sabe de caños y goles acrobáticos.

Al final del día, estos ”mercenarios” rebajaran el fútbol a lo que nunca debió dejar de ser: Un simple juego.

Cuando todo está dicho, decir más, está de más.

@JaimeGarza94

Comentarios

Article written by:

Abogado y profesor; autor del libro Más Allá de la razón. Fútbol y más.

Banner
Close
Gracias por apoyar Rectangulo Verde