Jugar bien / Escribir bien
Liga Mx

‘’No jugamos para darle gusto a la gente’’

El aficionado cada vez es más importante para la industria del fútbol; cliente principal de ‘’Locos y asociados’’. Como en cualquier negocio, el cliente siempre ha de sentirse en razón, aunque a veces no la tenga. Precisan de esa palmada en el ego para seguir pensando que alentando forman parte del juego.

Por ese motivo, entiendo y no juzgo a quienes acribillan a Jesús Dueñas por las declaraciones que dieron cuerpo a este escrito. Sé que su trabajo -en gran medida- pasa por tener contentos a los hinchas, y, sobre todo, por hacerlos sentir participes donde son mero complemento.

Sin embargo, habemos quienes ‘’trabajamos’’ necesitando muy poco del buen sentir del aficionado. Nosotros opinamos sin contexto ni idea, y podemos soltar locuras del plan: ‘’Nada importa perder si se jugó bien’’, o ‘’nada importa ganar si se jugó mal’’. Son las ventajas de no sacarle un peso a la pelota.

Desde mi silla ignorada -y hasta empolvada- les platico que estoy de acuerdo con Jesús Dueñas. Creo que ni el futbolista, ni ningún otro profesionista, debe moldear su trabajo al son del deseo de un tercero, sin importar que del dinero de éste salga nuestro alimento.

¿Por qué no habríamos de hacerles caso?

Pasa que el cliente quiere siempre los mejores resultados, y nosotros estamos ahí para brindárselos. Sin embargo, en el camino al desenlace pretendido, ellos no deben participar de más, porque carecen de la técnica requerida. Si la tuvieran… ¿por qué nos contratarían?

Pasa lo mismo en el fútbol. Uno está para jugar, competir, e intentar ganar. Claro que en el intento el futbolista no debe olvidarse de la tribuna. Basta con un gesto técnico, una gambeta agradable o un cañito que acabe en gol, para que el aficionado vea fructificado su pago.

Lo que el futbolista no debe hacer, es enfrascar su juego con tal de darle gusto a quienes -a veces- no saben ni lo que quieren. Porque su trabajo consiste en dar lo mejor de si, no en fingir o darle por su lado a quienes tienen lados diferentes o simplemente no tienen.

Ejemplificando mis loqueras, les pongo el siguiente escenario…

Imaginemos que Tigres domina al rival con la pelota pegada a los pies. Sin embargo, el resultado sigue cero a cero, y el tiempo amenaza con acabarse; la hinchada se desespera, piden disparos desde donde sea, y el equipo obedece. De pronto, en un tiro chorreado, el contrario agarra la bola, y se enfila al marco felino; gambetea al arquero, y marca el gol del gane en los últimos segundos del encuentro. Tigres pierde, y la afición… ¿aplaudirá? ¿abucheará? supongo que habrá de ambas, pero el resultado sería el mismo: Tigres perdería, y la afición volvería a sus casas con las caras más largas de costumbre. Porque en aquella derrota, aunque no lo quisieran admitir, tendrían gran parte de culpa.

En conclusión -siguiendo con mi ejemplo- no digo que el equipo siempre tendrá la razón, ni que la hinchada siempre estará equivocada. Bien puede ser al revés, y seguiría pensando que el aficionado no debe de ir más allá de lo que le corresponde.

¿Qué le corresponde?

Apoyar, criticar, opinar, y/o exigir. Todo es válido; el silbido, el aplauso, la mentada de madre, el elogio, jugarle al entrenador, reventar, etcétera. Todo se vale en este lindo manicomio, solo que no me parece recomendable que la hinchada pretenda que un equipo se convierta en un videojuego, y limite su talento a deseos que no solo son banales, sino distintos de un lugar a otro.

A final de cuentas, todos queremos un juego bien hecho, y es más factible que los muchachos nos lo brinden si los dejamos trabajar; opinando cuando queramos, sin pretender que nos hagan caso sí o sí. Porque la chance de fallar es terrible, y solo ellos pagan los platos.

Cuando todo está dicho, decir más, está de más.

@JaimeGarza94

Dueñas, final.

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Article written by:

Abogado y profesor; autor del libro Más Allá de la razón. Fútbol y más.

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