Jugar bien / Escribir bien
Selección Mexicana

Mucho ruido, pocas nueces: A seis años de la gloria

“El éxito no se logra sólo con cualidades especiales. Es sobre todo un trabajo de constancia, de método y de organización”.- J.P. Sergent.

Las cosas como son. Si a los mexicanos nos pagaran por soñar, seríamos todos millonarios. Dicen que hacerlo cuesta nada, y eso nos atrae, porque además de ser tacaños, somos conchudos (valga la generalización para explicar el punto). Se pregunta uno: ¿y por qué trabajar algo tantas veces si de una sale y sale como sea? He ahí uno de los tantos meollos del asunto, de este caldo espeso y de tan cambiante sabor llamado futbol mexicano.

¿Por qué una introducción tan sutil? Verás, querido lector, hablar de un tema tan bonito y espinoso a la vez lo requiere, porque si bien es bellísimo y fácil recordar y mirar al pasado para ello, lo que se puede hacer para volver a vivirlo en el presente se queda en ideas o vagas ocurrencias. Con esto entramos en materia.

Hoy, 10 de julio, se cumplen seis años de aquella victoria que le dio al Tri Sub-17 su segundo título mundial en la categoría en el Estadio Azteca bajo el comando de Raúl Gutiérrez, con cien mil personas en las gradas del coloso y otros tantos millones fuera del recinto viendo por televisión a los que creíamos serían los nuevos “niños héroes”, más por hacer tal proeza en nuestro suelo. Nombres como Briseño, Gómez, Casillas, Escamilla, Fierro, Bueno, Espericueta, Sánchez, Flores o Guzmán se volvieron de interés y se querían abrir paso hacia la primera división. Todo hasta ahí es miel sobre hojuelas ¿no?

Viene ahora lo bueno. Pensemos en cuántos de los prometedores sub-17 del 2011 han logrado algo importante a nivel nacional. La respuesta la encontramos en Carlos Fierro, el ahora extremo de Chivas, quien ya logró ser campeón jugando un papel importante en liguilla para el rebaño. Fuera del sinaloense, no hay uno sólo de ellos que haya podido conseguir el éxito como él, o bien, lograr entrar en los equipos grandes y ser partícipes de su juego y sus coyunturas. Queramos o no, este tema debe ser top 3 cuando se habla de nuestro futbol y debe ser discutido, analizado, y sobre todo, atendido integralmente por los que mueven todo dentro de la esfera nacional de nuestro deporte porque, de las maneras que tú quieras ponerlo, amigo lector, con este tema siempre está la cuestión del “mucho ruido y pocas nueces”. Se habla demasiado y se hace poco, se pide por montones y se dan migajas, se exige por mayoreo y se coopera por menudeo.

La prensa nacional maneja en varias oportunidades que deberíamos imitar los procesos formativos de las grandes potencias futbolísticas mundiales, más concretamente el de los alemanes, y más aún después del repasón dado en Copa Confederaciones, aludiendo a que el tipo de preparación para sus juveniles es lo que el futbol nacional necesita. Nunca podemos perder la perspectiva, mi estimado lector, porque si bien la idea es ilusionante y por demás impresionante para los horiozontes de nuestro balompié, lo cierto es que no existen las bases suficientes para poder llevarlo a cabo. Ni económicas, ni filosóficas, ni ideológicas, ni deportivas, ni mentales. Se tienen canteras de buena manufactura, pero es realmente buena a secas porque carecen de un sentido de continuidad de procesos transitorios de lo juvenil a lo profesional, generando esto que veamos cómo es que a seis años de haber probado las mieles de la gloria internacional de su categoría hayan sido muy pocos quienes han podido abrirse camino y sobresalir.

Quizá es lo que las selecciones mexicanas piden a gritos, eso que nosotros los aficionados y comunicadores totalmente derechos tanto odiamos: que caiga encima de todo esto un fracaso mayúsculo con cicatriz imborrable, un quilombo genuino para entrar en plena conciencia de lo que el rezagado trabajo de fuerzas básicas y de formación futbolística integral genera en el contexto actual e histórico del futbol mexicano a niveles nacional e internacional. Como no se aprende por la buena, probar la mala parece la acción inminente, justo como sucedió con la Mannschaft de la Euro 2000 al irse a casa en fase de grupo con apenas un solo punto.

Con lo que se tiene, con sus debidas reservas y proporciones y con las mejores personas, se tienen que estructurar programas a corto y mediano plazo como punto de partida para el óptimo desarrollo de los jóvenes soñadores mexicanos que quieren ser héroes y próceres del deporte rey en nuestro país, para poder construir mejores realidades y presentes, pero sobre todo, empezar a trazar una línea hacia ese éxito tan desesperado y lleno de falacia que la afición mexicana reclama con justa razón, aunque en medidas completamente desfiguradas.

Las puertas del cambio están abiertas para todos, pero decidirse a entrar y a trabajar para llevar a nuestro balompié a vivir momentos como el del 10 de julio del 2011 o el del 2 de octubre del 2005 en todas las categorías es lo complicado.

IMG_20170710_122159[1]

La salida a la cancha del Estadio Azteca de México y Uruguay para disputar la final de la Copa Mundial de la FIFA Sub-17.

Comentarios

Banner
Close
Gracias por apoyar Rectangulo Verde