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Historias del Futbol

El Abrazo del alma; el momento de Víctor.

En la vida existen esos momentos que se quedan grabados en tu mente por siempre, esos momentos que son como destellos de luz, que te gustaría guardarlos en tu bolsillo en un reproductor que te permitiera volverlos a vivir cuantas veces quieras.

Estos momentos pueden ir desde lo más romántico como la primera vez que observas al amor de tu vida o tu primer beso, también puede ser algo satisfactorio personalmente como el momento en que te entregaron un título deportivo o escolar, o puede ser algo más simple como ese momento en que reíste con tu grupo de amigos con unas cervezas en la mano. Pues bueno ese momento para Víctor Dell´Aquila se titula “El Abrazo del Alma”.

¿Qué hacían ustedes a los 12 años? La mayoría culminaba su educación primaria. Pues bueno, a los 12 años Víctor perdía los 2 brazos al electrocutarse con un poste de luz, en ese momento solo el destino sabía porque sobrevivía, pero le pedía en garantía sus 2 extremidades superiores.

Yo le dije al médico, ‘¿para qué me dejás vivir?’, y el médico me respondió ‘nene, vos le tenés que devolver la vida a tu vieja’ Esa fue mi mejor ayuda psicológica

Víctor Dell’ Aquilla es un ferviente seguidor de Boca, un xeneize desde la punta del cabello más despeinado hasta la cutícula del dedo meñique del pie, suena irónico decir que el momento cumbre de su vida llegaría en el Monumental, la casa del River Plate, el club al cual por el simple hecho de ser de Boca ya le había jurado odio eterno.

El partido de la final por la Copa del Mundo del 1978 iba 2-1 en los tiempos extras, Argentina estaba a punto de festejar su primera Copa del Mundo y esta sería en casa como la primera copa de Alemania, Italia o Uruguay. Con solo 4 minutos restando del final del partido Bertolini marcó el 3-1 final y en ese momento aprovechando la euforia, Víctor esquivó la seguridad y se detuvo al filo de la cancha unos minutos, pero en cuanto el silbante marcó el final del partido el héroe de esta historia corrió a la cancha.

Todos los futbolistas argentinos corrieron al centro de la cancha excepto uno. El portero Ubaldo Fillol corrió hasta los linderos del área pero ahí, de la emoción las piernas no le respondieron por lo que solo se hincó a abrazarse a sí mismo. Un abrazo solitario que duro unos cuantos segundos hasta que llegó Tarantini para arrodillarse junto a él. Al notar la llegada de Tarantini, un Víctor que ya dentro de la cancha buscó abrazar también a Fillol se frenó en seco. Sus mangas vacías se balancearon hacia al frente por el enfrenón, ahí se toma la que es para mí la postal más bella que nos han regalado las Copas del Mundo, aquí es cuando observamos el “Abrazo del Alma”.

Un abrazo simbólico que en ese momento no era solo de Víctor Dell’ Aquilla sino de toda Argentina, este es ese momento en la vida de nuestro protagonista.

Recuerda que puedes seguirme en mi Twitter: @L_Pena7

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