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Opinión

El desgaste es lógico

Han ganado tanto que nos olvidamos que son seres humanos, que se desgastan y tienen ciclos altos y bajos.

Lorenzo Buenaventura, en “Herr Pep” nos cuenta lo siguiente:

«Estudios médicos hechos en Italia demuestran que la recuperación después de cada partido depende de la alimentación del jugador. Así, al tercer día después del partido, si se ha alimentado bien, el jugador ha recuperado el 80% del glucógeno de sus músculos. ¡Solo el 80%! ¡Imagínate si se alimenta mal! Y después de cuatro partidos consecutivos en ciclos de tres días, el riesgo de lesión se incrementa un 60%. 

En el Barcelona, jugadores como Messi, Busquets, Xavi, Alves o Pedro llegaron a jugar hasta 9 o 10 partidos encadenados cada tres días y alguno incluso llegó hasta los 12. Y si se interrumpió la cadena fue porque les llamaron de la selección española, pero para seguir jugando más partidos. Esto es terrible para el jugador porque, además del riesgo de lesión, conduce a una pérdida brutal del rendimiento.
Por este motivo es importante tener una plantilla completa que te permita, de vez en cuando dejar a un futbolista sin jugar un partido y darle un pequeño ciclo de cinco días de entrenamiento»

¿Suena familiar verdad? Es gran parte del “problema” que tiene hoy día el FC Barcelona. En realidad me cuesta llamarle así porque es totalmente normal: las recaídas llegan, el desgaste llega, las derrotas llegan, especialmente en un equipo que la temporada anterior ganó cinco títulos, y en el tramo final de la actual, encubre sus carencias con el hambre voraz de sus jugadores.

Éste Barcelona no es el mismo de la temporada pasada y va de más a menos. Se ha vuelto más terrenal, y lo más divino que tienen, ese tridente sagrado, hoy está en un momento bajo no solo a nivel mental/inspiracional, sino también a nivel físico.

La temporada pasada Suárez llegó -casi tan- fresco como una lechuga a la recta final debido a la sanción. Iniesta, el mango que sostiene al tridente Blaugrana junto a Busquets y Rakitic, se guardó lo mejor para el final, donde vimos al de Fuentealbilla en un nivel brutal, entrañable y que emocionaba a todos los que disfrutamos sus mejores años junto a su mejor socio.

El recambio era otro: tener a Xavi y Pedro en el banco es un lujo que nadie tiene y que tampoco se puede permitir mucho tiempo. A la vista está: Xavi a terminar su carrera en Qatar y Pedro al Chelsea, en busca de nuevos horizontes, a sabiendas de que en cualquier otro lugar sería titular indiscutido.

Los suplentes distan mucho de los titulares y no están preparados para cumplir las mismas funciones al nivel que lo hacen los que inician. Ésta temporada ningún suplente ha dado el salto, y los de casa, salvo por Sergi Roberto, no dan indicios de ser una generación tan brillante de La Masía. A eso hay que sumarle el bajo nivel de Arda y las pocas actuaciones que ha tenido Aleix Vidal.

En definitiva: una plantilla que por A o B, le falta algo de calidad, y a los que la tienen, regularidad.

Que no se me malentienda: el Fútbol Club Barcelona sigue cerca de la excelencia, pero con jugadores cansados, de a ratos nerviosos o impulsivos (o sino volver a mirar la primera parte contra el Atlético), que hoy tiran del carro y suplen el cansancio de una plantilla corta gracias a la calidad individual y a los chispazos colectivos que los hacen competitivos per se.

No sé si aguantarán hasta el final de la temporada o no. Pero por lo pronto, han demostrado que se puede seguir ganando incluso con el mismo estilo, aunque no de una forma tan abrumadora, que es lo lógico.

 

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